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El besugo, bien escamado y limpio, se sala, dejándolo colgado al fresco de un día para otro. Al otro día se corta en trozos y se fríen en aceite abundante; una vez frito, se deja enfriar completamente. El aceite se reserva.
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Se coloca el besugo en una cazuela de barro, se cubre con vinagre algo rebajado con agua, se añaden unos granos de pimienta y una hoja de laurel, echándole por último el aceite donde se ha frito, que formará una capa en la superficie y que no permite pasar el aire; se deja bien tapado durante ocho días en un lugar fresco y seco.
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Pasado el tiempo, ya se puede consumir; se puede acompañar con aceitunas, huevos cocidos, espárragos, etc.