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La lengua, limpia por completo, se tiene en remojo por espacio de unas tres horas; se saca del agua después de ese tiempo, se seca con un paño y se pincha con un punzón o aguja gruesa toda ella, a continuación, se frota bien con la sal nitro mezclada con más sal fina; se deja con esta sal unas dos horas y frotándola de vez en cuando.
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Pasado el tiempo se entierra en la sal gorda, pro-curando que quede bien cubierta por ella; se dejará así por espacio de ocho días, dándole vueltas todos los días, valiéndose de una cuchara de madera sin tocarla con las manos.
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Cuando han pasado los días señalados se saca la lengua, se lava y se deja en remojo unas dos horas, poniéndola entonces a cocer en agua fría; después del primer hervor se tira el agua y se echa, otra, en la cual se ponen la cebolla, los puerros y zanahorias, y un ramito compuesto con el laurel, perejil y tomillo, y tres o cuatro granos de pimienta; se deja cocer en este caldo por espacio de tres horas o cuatro, según sea su tamaño. Ya cocida, se saca del caldo; éste se mantiene casi hirviendo y se le quita la piel, dejándola enfriar.
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El intestino de vaca, a ser posible cerrado por un lado, se lava bien con agua, sal y vinagre, para que no le quede olor ninguno; ya preparado se procede a envolver la lengua en las lonchas de tocino, que serán finísimas, y se embute en la tripa, procurando que no se corran las lonchas del tocino, se ata el extremo abierto, o los dos en caso de no ser cerrado, dejándolo algo flojo, pues es preciso volverla a cocer y corre peligro de reventar si está muy apretada.
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Se pincha bien con una aguja y se pone de nuevo en el caldo, que estará hirviendo; se deja cocer otros quince minutos más; se retira entonces, se seca y se pinta con el carmín vegetal, colgándola para que se seque; en caso de no quedar bien pintada se pinta de nuevo.
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Se puede tomar ya al día siguiente; entera se conserva mucho tiempo.